El dinero y los intereses de Slim, detrás de la tormenta nacional

0
296

Carlos Slim, su familia, y sus intereses, están muy enojados con el Presidente Enrique Peña Nieto, y están haciendo pagar al país por ello.

Slim está enojado con Peña Nieto, y con México, porque en los últimos dos años su empresa insignia, América Móvil, ha perdido el 40 por ciento de su valor en el mercado.

¿Gracias a qué? A la reforma en telecomunicaciones, que le cerró la llave millonaria de ingresos por el cobro de la larga distancia a los servicios de telefonía fija y móvil con el que Slim seguía acumulando dinero a costa de los mexicanos.

Slim también está enojado porque sus empresas constructoras, Carso como punta de lanza, han perdido los millonarios contratos gubernamentales con los que hizo obras tan deficientes como la Línea 12 del Metro en la Ciudad de México, por la que millones de personas han sufrido diariamente por un medio de transporte básico, pero lleno de omisiones y corrupción.

Por eso, Slim está jugando sus cartas en la política nacional. Tiene varias cartas. Algunas muy importantes. Por eso, quien crea que sólo es un hombre de empresa, debe voltear a ver la Ciudad de México y entender que él, y otro personaje, son los reyes de la capital del país.

Nos referimos a Andrés Manuel López Obrador. La Ciudad de México se vistió de Morena en las últimas elecciones, y no hay por qué dudar que en 2018 la capital pase del control del PRD, al de nuevo partido del tabasqueño.

Ambos, Slim y López Obrador, “rescataron” (y se hicieron dueños) del Centro Histórico de la ciudad capital. Y eso, junto con los intereses políticos en los que han convergido, los hace partidarios de una misma causa: oponerse, y tratar de descarrillar, al gobierno priista de Enrique Peña Nieto.

Eso hace comprender, por ejemplo, por qué Slim ha guardado silencio frente a temas como las acciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Aparentemente es un asunto que no le interesa, porque él es empresario, no político. Pero ya mandó a su primo y socio, Alfredo Harp, a manifestar una postura al respecto.

En términos generales, Harp se pronunció a favor de la educación, del diálogo y de la consideración a todas las corrientes de pensamiento en Oaxaca. Es decir, el mensaje indirecto es que escuchen y atiendan las demandas de la Coordinadora, que ha hecho todo menos preocuparse por la educación.

Su otro mensaje, muy importante, fue el de rechazar las acciones de los verdaderos sectores productivos locales para protestar en contra de los bloqueos. Comedidamente, Harp no coincidió con esas posturas porque dice que así no se remedian las cosas. De nuevo, mensajes implícitos de respaldo a la CNTE, disfrazados de posturas sensibles de un hombre que dice querer a Oaxaca, pero que como muestra de “amor” se ha dedicado también a colonizar el Centro Histórico de la Verde Antequera.

Por eso, la realidad es que van juntos en esta tormenta que vive el país. Slim sabe que sus intereses están mermados y que la única forma de recuperar algo de lo perdido es tratando de descarrilar al gobierno.

Para eso utiliza a sus aliados, independientemente de que sus alianzas sean públicas o no: López Obrador, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, Alfredo Harp, un sector importante de la prensa crítica (con Carmen Aristegui a la cabeza), y todo lo que le permita enturbiar el panorama nacional.

En el fondo nada de esto es amor por México: es revancha por la pérdida de sus privilegios, y es mezquindad no en contra de Peña Nieto, sino de México, por hacerlo descender de la lista de los hombres más ricos del mundo.

Así de claro es el amor de Slim por México.

¿Alguien lo duda?

Álvaro Mayoral / Letra Digital