En el atrio de la iglesia de San Agustín, el parque Morelos, la iglesia de San Francisco o en la Feria del Dulce de la calle Hidalgo perdura la deliciosa y dulce tradición de degustar los famosos buñuelos oaxaqueños, además los clientes pueden romper el plato en donde se sirve, pues de acuerdo con una costumbre, incierta en su origen, el acto tiene que ver con las fiestas religiosas por el nacimiento del Niño Dios que traerá amor, felicidad o el deseo que se pida.

Durante diciembre, en la capital oaxaqueña es muy común encontrar en las calles algún establecimiento que ofrezca los tradicionales buñuelos, sin embargo, los comerciantes que se dedican a elaborarlos tratan de prepararlos durante todo el año para obtener mayores ingresos, pero las festividades de la virgen de Juquila, Guadalupe y la Soledad traen consigo mayores ventas y consumo del dulce que se prepara a base de harina.

En México se acostumbra elaborar, especialmente para las fiestas navideñas, una especie de tostada llamada buñuelo. Hay muchas formas de hacerlo, pero la más tradicional es formar una masa con harina de trigo, huevo, sal y vainilla, aplanarla y freírla en aceite para después cubrirla con canela, azúcar o miel.   

VARIEDAD MEXICANA

Dulces, salados, con queso, con miel, con pescado o con verduras. Los buñuelos están presentes en muchos países del mundo y cada uno tiene una historia o una razón de cocinarse y comerse de acuerdo a la estacionalidad, en función a fiestas religiosas o, simplemente, por el simple gozo que siempre implica la “masita frita”.

De origen árabe o morisco parece ser, aunque con mucha influencia francesa, el buñuelo es una masa de harina que se mezcla con agua, leche, huevo, levaduras, mantecas, y muchos más ingredientes, y se fríe. Su puede ser relleno dulce o salado, pero la mayoría tienen una receta de origen español que se remontan al siglo XVI.

México es un país de buñuelos. Con miel de piloncillo y guayaba en Baja California Sur; con queso Chihuahua, obviamente, en Chihuahua; fritos con manteca de cerdo y espolvoreados con azúcar roja en Oaxaca, los de almendra en Tlacotalpan o de jaiba, arroz, calabaza o camote, también en Veracruz.  

Jalisco prepara buñuelos de cuajada, los famosos buñuelos de molde que asemejan a los rosetones de una iglesia y que se espolvorean con azúcar y canela. Los chiapanecos, también conocidos como “pañales de niño” o los que se espolvorean con azúcar rosa y son tradicionales del Día de Muertos en San Luis Potosí.