A punto de consumarse la postulación de Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva como candidato al Senado de la coalición PAN-PRD en Oaxaca, ambas fuerzas políticas deberían considerar la historia de traiciones y egoísmos que encierran a este personaje.

Extraído de las filas ulisistas, Héctor Pablo vio su mayor fortuna cuando coincidió como diputado federal en la 61 Legislatura federal con Luis Videgaray Caso, con quien entabló cierta amistad y relación política gracias al cobijo de Ulises Ruiz, de quien era uno de sus favoritos.

Desde entonces, la historia de Héctor Pablo se resume en traiciones y egoísmos.

Lo hizo con Ulises Ruiz cuando en 2012 le negó la posibilidad de convertirse en candidato al Senado, y prefirió a Eviel Pérez Magaña que ya había perdido la gubernatura de Oaxaca en 2010.

Ruiz le pidió disciplina a Héctor Pablo, pero éste de todos modos intentó rebelarse hasta que, por una acción de aprecio, Videgaray lo invitó a sumarse a la campaña presidencial en el centro del país, igual que como lo hizo con varios otros oaxaqueños que habían sido desplazados por los conocidos arreglos entre Ruiz y Pérez Magaña para repartirse los restos del priismo oaxaqueño en aquel tiempo.

Héctor Pablo le dio entonces la espalda a Ulises y se entregó con los mexiquenses, que luego lo premiaron, gracias a la influencia de Videgaray, con la Dirección de Liconsa.

Héctor Pablo se hizo multimillonario gracias a la paraestatal.

Con recursos públicos recorrió permanentemente el estado de Oaxaca haciendo campaña, y cuando hace varios años vio la perspectiva de que Miguel Ángel Osorio Chong sería el candidato presidencial, repudió a Videgaray y se puso a la disposición del entonces Secretario de Gobernación para la construcción de su candidatura.

La gracia no le llegó porque Chong se quedó en el camino, y entonces Héctor Pablo buscó la atención de José Antonio Meade, a quien decía respetar como antiguo jefe en Sedesol, y como su candidato presidencial… hasta que lo traicionó.

Lo hizo, nuevamente, al renunciar de forma casi violenta a Liconsa y dar un portazo, como si la culpa de su mala fortuna fuera de quienes le tendieron la mejor oportunidad de su vida: el Presidente Peña Nieto, y el mismo Meade que lo sostuvo como un cuadro importante a pesar de haber sido uno de los que le jugó las contras.

Luego Héctor Pablo vino a Oaxaca a consumar una traición más.

Lo hizo con el PRI, el partido que le dio todo lo que tiene y lo hizo ser todo lo que es, al que intentó presionar y le intentó patear las puertas, olvidando que las oportunidades que él tuvo en su tiempo también las merecía alguien más que se quedó en el camino pero que, al contrario de él, se alineó como parte de la vieja usanza priista.

Hoy es un hecho su postulación en la coalición PAN-PRD para encabezar la primera fórmula al Senado, y lo más probable es que los traicione.

Sin principios, sin ideología y sin honor, su neopanismo y neoperredismo está destinado a seguir ejerciendo su común denominador: la ingratitud.

Su única alianza es con la sed de poder y con el hambre de dinero.

Y en la búsqueda de ello ha sido capaz de morder todas y cada una de las manos que se le han extendido para ayudarlo.

El tiempo confirmará este señalamiento.